viernes, 21 de noviembre de 2008

La silla vacía

La mujer o el amigo,
transparentes sordomudos,
nervioso los imagino,
con sus dedos perdidos
y sus ojos amarrados.

Sus voces de la nada
y el sol, que no aparecen,
los dibujo en esta silla.
Converso como un loco,
ahogado y en cenizas.

Sobre la silla vacía,
árbol muerto y en añicos,
bosque trunco,
reposa lo femenino
y la amarga risa de hombre.

Corta el paisaje una paloma,
con alas de filoso fuego,
sin brújula, pero al norte.
El bosque sigue su muerte,
debajo mi techo.

Ensartada por remaches y tornillos,
ya no es selva esta silla de nube,
ni precioso roble sus maderas sedientas.
Barrotes sin sentido!

Sola, espera inmóvil,
el peso del hueso
y muere por crujir de voces,
la silla vacía.

26 de enero 1987