Al árbol que brotaba tímido,
cuando tu luz estaba, te cuento,
lo atropella feo, el otoño amarillo.
Le pide sus hojas, les da alas,
pero ellas, como húmedos pichones,
agonizan sobre sus raíces.
... y hablando de pichones,
hablando de humedades y agonías,
me despierta aquel asesinato,
él de un poderoso pájaro, pico abierto,
a una cría ciega y deformada,
mientras la lluvia aplastaba al mar,
y nos dolían los ojos.
Y esquivando gotas,
nos fuimos de aquel imperio,
tú con las manos frías
y yo recogiendo piedras y raíces.
Dónde estará hoy, aquella lluvia?
25 de enero 1988
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1 comentario:
Tu poesía es impresionante!!!
me leí todas las que aparecen en la página y me encantaron...
Un abrazo desde la hermosa Buenos Aires
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