A veces te sientas de espaldas a tu ventana
y no miras jugar donde de niña jugabas.
De pie y de reojo me cuentas de un recuerdo de trigo.
Cuentas de una amiga sin ojos,
cuentas de un lejano juego de barro.
Te sientas de espaldas a tu ventana
y sonríes cantando, mientras sostengo el minuto.
30 de enero 1984.
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