lunes, 26 de mayo de 2008

Demoliendo escalones

Lo sorprendimos sentado como un niño.
La escalera de cemento, era su asiento.

Aquel hombre, de largas piernas
y pantalón azul,
jugaba como un niño,
demoliendo a certeros golpes,
la escalera.

Sus juguetes eran escasos:
martillo y cortafrío.
Sus horas, interminables, tal vez,
como las de su niñez.

Nos fuimos llenos de risas
por la escalera de enfrente,
que trajinaba gente de manos suaves.
Tan suaves, como hubiese querido tenerlas,
aquel viejo niño africano.

09 diciembre 1983

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